ESFL137

III semana de Tiempo Ordinario – Lunes

La lucha contra las tentaciones

Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: «Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios».Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: «¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir, Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llega a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.Mc 3,22-27

Los escribas han notado el poder de Jesús en echar los demonios de las personas y de las situaciones que encuentra a lo largo de los caminos de Palestina, pero interpretaron todo al contrario, sofisticando teológicamente. Insinúan que son los poderes del mal que actúan en Jesús,el cual responde con preguntas y parábolas que ellos no son capaces de entender por falta de sencillez y de fe. El hecho es que, con su venida en la tierra, Jesús rompió el reino de Satanás, el “hombre fuerte”, derrumbando la vieja casa donde él vivía. Jesús, que es el hombre más fuerte que el hombre fuerte, vino para construir la nueva casa de Dios, donde pudiéramos vivir, como personas libres, con una renovada dignidad. Es como si una tapera, sucia y en mal estado, en la que los hombres vivían como animales, hubiera sido comprada por un verdadero benefactor, que la hiciera arreglar y limpiar ofreciéndola después de nuevo a las mismas personas que vivían antes allí, para que pudieran finalmente vivir con dignidad. La victoria final de Jesús sobre satanás, se realizará con su muerte en la cruz y su resurrección: pero si todo esto, en el pasaje del Evangelio de hoy, todavía no había sucedido ¿por qué su sola presencia hace ya huir a los demonios? La razón es su santidad. La santidad de Jesús vuelve el aire irrespirable a los demonios que necesariamente tienen que escapar. También hoy en día es así. El verdadero exorcismo contra satanás es la santidad. Si creemos que Jesús nos ha liberado, salvado y redimido con su muerte y resurrección, si nos acercamos con frecuencia a los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación, si nuestros pensamientos son limpios, nuestros sentimientos son puros, nuestra boca no dice mentiras y acogemos con amor a las personas que cotidianamente encontramos, ante nosotros el diablo puede sólo escapar. Por desgracia, vivimos sólo en raras ocasiones en esta atmósfera de santidad y,  por ende, le damos al diablo el derecho a no salir de nuestra casa. De todas maneras, tenemos siempre un modo para hacerlo escapar: la señal de la Santa Cruz. Si cuando nos sentimos tentados  encontramos la fuerza de persignarnos, haciendo sobre nosotros la señal de la Santa Cruz, con ese gesto autorizamos al Señor para luchar contra satanás en lugar nuestro, y así aquél podrá sólo…escapar.

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