ESFL346

XXXIII semana del Tiempo Ordinario – Martes

Ser árboles 

Jesús entró en Jericó y atravesaba la cuidad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos. El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un árbol para poder verlo, porque iba a pasar por allí, Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Lc 19,1-6.

Desde que Mateo se había levantado de la mesa de los impuestos y había seguido a Jesús, Zaqueo, que era su jefe, habrá pensado que se trataba de una ilusión momentánea, y que dentro de poco regresaría a su oficio de publicano, Y ya que esto no sucedió, Zaqueo comenzó a pensar qué habría encontrado Mateo de más substancioso que la actividad de publicano en aquel Rabí (maestro) con relación a la riqueza y de esta pregunta habrá nacido en el él el deseo de encontrar a Jesús. O también tal vez sucedió como a Marcelo Candia que pensó que el dinero no le traía la felicidad y habrá decidido vivir una vida más rica de valores auténticos. Probablemente los dos motivos se unieron y Zaqueo tomó la decisión de ir al encuentro de Jesús, pero, siendo pequeño de estatura in medio a una inmensa multitud de gente, se subió a un árbol para poderlo ver bien. Jesús se percató de su deseo de verlo, y mientras pasó bajo aquel árbol, le dice: “Zaqueo, baja, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”. Así nació una nueva conversión. En aquella simpática escena el árbol tiene una rol especial, ya que sin él Zaqueo no hubiera visto a Jesús y hubiera sido aplastado por la gente. ¡Cuántas personas hoy en nuestros días quisiera encontrar al Señor, pero no encuentran ningún árbol pare subirse a él. Para nosotros fue Oliviero Goulot, el día en que lo hemos encontrado en una oración de la mañana, el día en que hemos participado enesa reunión de oración en la parroquia de la Sagrada Familia de Saronno. Una cosa es clara: si queremos ver a Jesús en una modo nuevo, debemos subirnos a aquellas personas que lo ven y lo viven en un modo entusiasta. Eso significa ser anunciadores del evangelio. 

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