ESFS176

XXI semana del Tiempo Ordinario – Domingo

Señor, no me digas “no te conozco”

Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén. Una persona le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?». El respondió: «Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos». Y él les responderá: «No sé de dónde son ustedes». Entonces comenzarán a decir: «Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas». Pero él les dirá: «No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!»…. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos». Lc 13,22-30

Estamos en la eternidad. Hay una grande fiesta para celebrar la llegada de la Madre Teresa de Calcuta. En vestido de noche, los pobres de todo tiempo y lugar conversan en su propio idioma, como sucedió en la tierra en el día de Pentecostés y todos se comprendían muy bien. Una orquesta de ángeles difunde un “blues” y Luis Armstrong danza con una señora china mientras le cuenta lo sonaba en la tierra. Los ángeles se mueven en la grande sala con vasos ricos de todo bien de Dios, que ofrecen a todos los beatos. En cierto momento los “blues” se interrumpe y el arcángel que guía la orquesta, invita a Armsreing a tocar y cantar para todos: “When the sainst go marching in” – cuando los santos  entran marchando – el cual acepta con una reluciente sonrisa y dientes blanquísimos. Luego toma la trompeta, va e invita a Bing Crosby a hacer un duo con él. Los dos amigos comienzan a cantar, y juntos todos los presentes que forman un sinuoso grupo que se desenvuelve en la sala. Cuando termina la canción todos van a sus lugares en las mesas y el ángel invita a todos a hacer un brindis en honor de la Madre Teresa.

En medio de la fiesta se oye sonar a la puerta de entrada y el ángel les va a abrir. El ángel los lleva delante del Señor, que está sentado en su trono junto al Padre, y el Señor les pregunta: ¿Quiénes son ustedes? “Hemos terminado nuestro paseo en el tiempo – responde – y estamos aquí. Apenas llegados, hemos oído que había fiesta y hemos tocado”. “No sé de dónde vienen” comenta el Señor. Pero ¿cómo? replica aquel hombre –todos los Domingos hemos ido a Misa y la señora, mi esposa, era la catequista”. “No lo niego – dice de nuevo el Señor   – pero tal vez no iban a visitar a los pobres y los necesitados, entre quienes Yo estoy presente. Pero hoy hay fiesta y los queremos con nosotros. “Verdaderamente aquí hay siempre fiesta – comenta una voz de la sala – y la misericordia vence siempre sobre la justicia”.  La música continúa y la nueva pareja empieza a bailar entre los aplausos de todos. También yo invito a Ana María, quien se levanta la orilla del vestido y juntos comenzamos un canto sin fin.

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