ESSM018

23 de Julio – Santa Brígida

Mamá Carolina

«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía…. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer…. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán.Jn 15,1-7

El texto del evangelio de hoy me ha hecho pensar en la mamá Carolina, una mujer del pueblo que nos ha dejado hace algunos años y para quien se ha introducido su causa de beatificación. Considero un don del Señor el haber tenido posibilidad de conocerla personalmente.Era una mujer que había llegado de Florencia privada de aquella cultura que se aprende en la escuela, pero riquísima de la fe y “sapientia cordis” (sabiduría del corazón). Su temperamento exuberante y sus deseos de ayudar a los pobres, se refugian en la iglesia para rezar y meditar gracias con insistencia y perseverancia. Sin muchas las enseñanzas que he recibido a través de Mamá Rosa, pero el más hermoso de todos es su absoluta fidelidad al Señor: “Unidos a Él – solía repetir con frecuencia – se pueden realizar empresas increíbles, pero sin Él no somos capaces de llevar a cabo lo sencillo del vivir cotidiano”. Mamá Carolina, esta verdad del evangelio de hoy, la vivió sobre todo en la preparación de “primeras comuniones” para centenares de niños. Ella les daba a todos los trajes de primera comunión, y después de celebrar la ceremonia de sacramento en la Iglesia, organizaba una fiesta para los papás y sus invitados. En tiempo sucesivos, no le costaba trabajo organizar  y organizar la fiesta para las primeras comuniones, se dedicó también a sostener económicamente a los monasterios de clausura dejados en el olvido de la ayuda de los fieles. Este compromiso la llevaba a recorrer todos los caminos de Italia y un día, en un accidente vial, concluyó su carrera terrena.  A nosotros que nos consideramos sarmientos de la misma vid, mamá Carolina ha dejado el entusiasmo de cumplir las obras que el Señor le había confiado: obras diversas de sarmientos diversos, pero siempre de la misma vid.

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