ESFL225

XVI semana del Tiempo Ordinario – Miércoles

La sabiduria del campesino

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!». Mt 13,1-9

La parábolas nos hablan de acontencimientos de la vida, y de ellas, los que saben escuchar, sacan enseñanza, esperanza y alegría. La misma vida es una larga parábola, que es bien saber leer y escuchar, para evitar que se quede una experiencia sin sentido. La parábola del sembrador, de la cual nos habla Jesús hoy, puede definirse como la parábola de la esperanza. Cada hombre, sea que adopte el proyecto de Dios sobre si mismo, sea que persiga los suyos propios, está llamado a vivir la dinámica interior de esta esperanza. No es para nada fácil ver el bonito grano maduro en la semilla que cae y desaparece en la oscuridad de la tierra, sabiendo que una parte puede perderse entre las piedras, los espinos y en el camino.

Esta ha sido la experiencia de Jesús, el cual, al ver su palabra y sus obras caer en la incomprensión  y en la hostilidad de la gente, habrá sufrido mucho y a veces le habrá quizá llegado alguna duda acerca del éxito de su misión. Por cierto Él, cuando contaba esta parábola, tenía en su mente el salmo 125: «Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas.» (Sal 125,5-6). Sin embargo aquel que realiza el proyecto que Dios tiene sobre él, vive tranquilo en la esperanza, porque sabe que el Padre celestial protejerá la semilla y al momento oportuno hará caer la lluvia. Es también la experiencia de nosotros los padres, y no solo de Jesús: cuando en la adolecencia vemos a nuestros hijos desbandarse un poco y algunas veces tomar caminos equivocados, nuestra esperanza está siempre sostenida por la fe en la palabra de Dios, que cada mañana hemos tratado de sembrar en ellos durante la oración mañanera. Y los hechos, por gracias de Dios, nos han dado razón. Es la antigua sabiduría del campesino el cual, mientras la semilla muere en la oscuridad de la tierra, vee ya las espigas de grano dorarse al sol.

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