ESFS171

XVI semana del Tiempo Ordinario – Domingo

El secreto de la hospitalidad

Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Marta, que muy estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude». Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada». Lc 10,38-42

Confieso que leyendo esta página del Evangelio, me ha dejado siempre perplejo, María porque ha escogido para sí una parte mejor que la de Marta que, es vez de escuchar al Maestro, se puso a cocina para Jesús una buena comida. Ya que existe, como dice el libro del Qohelet, hay un tiempo para escuchar y un tiempo para cocinar, hubiera esperado de Jesús otra cosa opuesta.

Debemos profundizar el significado de de este escena para tratar de aferrar su significado. La de Marta, María y Lázaro era para Jesús una familia de amigos. Podemos pensar que Jesús haya ido ahí para encontrar un tiempo más agradable con ellos, haciendo a un lado los empeños de la misión: la gente que tenía sed de verdad, los enfermos que pedían ser curados y los apóstoles que casi nunca aferraban el sentido de los que sucedía.

En otros momentos del Evangelio, para descansar de sus empeños misioneros, Jesús se retiraba a orar al Padre, solo en el monte, pero aquel día sentía necesidad de amistad, de comprensión humana, o tal vez de contar las mismas verdades a los amigos que escuchases con ánimo sin hacerle preguntas. En este estado de ánimo es comprensible que Jesús haya preferido la hospitalidad de María más que la laboriosidad de Marta. 

Creo que María, en la escena del texto de hoy, haya entendido en profundidad la verdadera necesidad de Jesús, y es por esto que se permite hacer a Marta esta advertencia: “Marta, Martha, tú te afanas y te agitas por muchas cosas, pero no hay necesidad más que de algúna cosa. María ha escogido la mejor parte”. Ciertamente, después le habrá agradecido a Marta su comida, pero queriendo Jesús dar su opinión sobre María, Jesús quiso ser franco como siempre, con una franqueza afectuosa.

El texto de hoy nos ilumina sobre el sentido profundo de la hospitalidad, que es la capacidad de entender las verdaderas necesidades de las personas que nos buscan. No se puede recibir a todos del mismo modo: unos necesitan de pan, otros de amistad y otros de consejos

Danos, Señor, la sensibilidad para recibir a cada persona según sus verdaderas necesidades.

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