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IV semana de Cuaresma – Domingo

La Providencia ordinaria y extraordinaria

Entonces el Señor dijo a Josué: «Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto». Los israelitas acamparon en Guilgal, y el catorce del mes, por la tarde, celebraron la Pascua en la llanura de Jericó. Al día siguiente de la Pascua, comieron de los productos del país –pan sin levadura y granos tostados– ese mismo día. El maná dejó de caer al día siguiente, cuando comieron los productos del país. Ya no hubo más maná para los israelitas, y aquel año comieron los frutos de la tierra de Canaán. Jos 5,9a.10-12

Un día de algunos años atrás estaba respondiendo a través de una radio local las preguntas delos radio—escuchas sobre el tema de la Providencia, cuando pidió la palabra José Ravasio, una persona que conocía desde hace mucho tiempo: “¡Es cierto – dice José – la Providencia existe de verdad! Cuanfo era joven mi familia estaba compuesta por mi madre. viuda, y por once hijos. No osbtante que mi madre trabajara fuera de la casa, y recibiera una pequeña pensión por el trabajode cartero que a mi padre le danan antes que nos dejase, , con mucha frecuencia ya en la noche, no tenías nada que comer. Mi madre nos hacía sentar a todos a la mesa, y sucedió que mientras estábamos sentados siempre llegaba alguien de los vecinos con algo de comer. A cierto pundo venía alguien a tocar la puerta que venía con una canasta y nos daba algo de comida. En alguna ocasión eran dos las personas que tocaban la puerta. Así crecimos con la ayuda de la Providencia que se ha hecho presente, a través de nuestros vecinos.Cuando crecimos  empezó la Providencia a manifestarse en manera extraordinaria. Alguno de nosotros, hijos, empezamos a recibir algún salario, aunque nunca nos olvidamos de darle gracias a la Providencia por no habernos abandonado nunca”.

Entrando en el texto de hoy, la misma cosa ha sucedido a los Israelitas en Gálgala, donde Josué, sucesor de Moisés había puesto su campamento. Después de haber vivido como nómada porvarios decenios, los Israelitas se había dedidcado a la agricultura y podían nutrirse de los frutos de la tierra, asi que el Señor no les mandó ya el “Maná” que le había mandado todos los días durante el tiempo que vivieron en el desierto. : “Los Israelitas no comieron ya el ‘maná’ y aquelaño comieron de los frutos de la tierra de Canaan. Este texto de la Sagrada Escritura y la historia de José, a ka que hemos aludido, nos hace reflexionar sobre la Providencia de Dios ordinaria y extraordinaria. Sobre todo nos dimos cuenta que el pan cotidiano puede también descender del cielo, commo ha sucedió a los Israelitas en el disierto, pero más frecuentemente pasa a través de la generosidad de las personas, que son instrumento de la Providencia. O también se nos da por medio del trabajo que hacemos. 

Danos, Señor, la humildad de pedirte cada día nuestro pan cotidiano, la capacidad para ganárnoslo y la generosidad de compartirlo con quienes tienen necesidad. 

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