ESFL169

VII semana del Tiempo Ordinario – Sábado

Jesús y los niños

Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él». Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos Mc 10,13-16

¡Cómo es hermoso el Domingo, cuando después de una semana de trabajo, nos encontramos juntos en nuestra casa para la comida de la fiesta, medio de la confusión de los niños que juegan, se divierten y pelean con una espontaneidad que nosotros los adultos desgraciadamente hemos perdido! Ciertamente un pelotón de soldados sería más ordenado, pero nosotros preferimos la algarabía libre de los niños que se cruzan como el vuelo de las golondrinas en el cielo. A veces rompen algún mueble, otro derrama algún vaso y llora porque su juguete se lo quitó su primito. Paciencia, pero… ¡qué vida! Para ellos todo es nuevo, todo les admiramos. Se pelean cada cinco minutos, después vuelven a jugar juntos con espontaneidad, disturbado solo de vez en cuando por la mamá que los obliga a pedir excusa. En el mundo de los niños es normal que, después de haberse peleado por un juguete, vuelva a jugar como si nada hubiera pasado. El que no recibe el Reino de los cielos con tanta alegría y simplicidad no entrará en el reino en él. El poeta Ardengo Soffici describe, como mejor no se podría, la completa ausencia de conveniencias por parte de los niños.: ¡Cómo es bello mi niño cuando come, se ensucia la ropa y la boca como de mantequilla!”.

El niño que vive del amor de los papás y de la Providencia, tiene sólo lo que se le da, que es lo que los demás también quien: no posee nada, ni siquiera lo de ellos. La escena del evangelio de hoy es una foto de la personalidad de Jesús, y nos muestra como Él sea delante de los niños. El comportamiento de libertad confiada de aquellos niños se contrapone a toman la escusa de la invadencia de los niños para poder permanecer con Jesús. Piensan que aquella confusión infantil en torno al Maestro sea indecorosa, pero tal vez haya algo de envidia, porque solamente delante de  los niños Jesús se abre. Danos, Señor, tu Espíritu de acogida delante de los niños, y ayúdanos a ser como  los niños delante del evangelio y de la vida.  

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