ESFS011

I Semana de Cuaresma – Domingo  

El pecado y la gracia 

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto…. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes». Jesús le respondió: «Está escrito: «El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»». Luego el demonio llevó a Jesús….  y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra»». Jesús le respondió: «También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios»». El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme». Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito: «Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto»». Mt 4,1-11

Ante esta página del evangelio que nos habla de las tentaciones que Jesús ha tenido que vebcer para convertirse en l Salvador del mundo, nos preguntamos qué cosa sea el pecado. El pecado, yendo a sus raíces, es la negación de Dios como Dios, y de su proyecto de vida en el hombre. Pecar es alejarse de Dios – cosa que siempre es posible por el don de la libertad que Él nos ha dado – para vivir nuestra vida siguiendo otros proyectos que no son los suyos, y que automáticamente se convierte en proyectos del diablo. Él, de hecho, no tiene proyectos propios, sino el de sacra al hobre del proyecto de Dios para rechazar su dominio. La Biblia nos narra que el primero hombre que rechazó a Dios fue Adán, por medio del cual el pecado entró en el mundo, sembrando odio, guerras, enfermedades, dolor y muerte. Desde entnces Satanás ha tenido éxito, porque el pecado entró a formar pare del hombre. Jesucristo, quien toda su vida rechazó las tentaciones del demonio, desde que estaba enel desierto hasta el momento de morir en la cruz, resistió siempre a las insinuaciones, y nos ha liberado de la lepra del pecado, devolviéndonos la pureza originaria de los hijos de Dios. Ésta es en síntesis la doctrina de San Pablo: “Así como a causa de un solo hombre (Adán) el pecado entró en el mundo… hemos sido liberados de la condena, as+i también por la obra de un solo hombre justo recibimos la justificación, que nos da la vida” (Rm. 5,12ss). Para injertarnos en esta grande obra de justicia, iniciado por Cristo, debemos sólo aceptar con alegría su poderío y su proyecto de vida para nosotros.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *