ESFL226

XVI semana del Tiempo Ordinario – Jueves

La escucha de la Palabra

Los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Por qué les hablas por medio de parábolas?». El les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: «Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure». Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.Mt 13,10-17

Estamos seguros de que el profeta Isaías tendrá un heredero: es nuestro nieto Eduardo. Hoy en día, cuando María Francesca le estaba cambiando los pañales en nuestra cama, junto a la Biblia que fue abierta en ésta página del evangelio, el Espíritu de Dios debe de haber dicho a Eduardo las mismas palabras que hace dos mil años dijo a Isaías: “Cómete esta página”. Eduardo estiró la mano, la tomó, la arrancó y se la llevó a la boca. Ahora está «Palabra» se hizo carne de su carne y un día cuando crezca, nos la podrá explicar. Y será bueno porque si bien es claro por qué Jesús habló en parábolas, lo es un poco menos el hecho que «a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene».

Mientras esperamos que Eduardo comience a hablar y explicárnoslo todo, les queremos decir lo que el Espíritu Santo nos ha inspirado. «Los que tienen» – nos lo sugirió, en la oración el Espíritu Santo – son aquellos cuyas mentes y corazones están abiertos a la comprensión de las Sagradas Escrituras, porque saben cómo escuchar. «Los que no tienen» son los que no se ponen en esta actitud de escucha, para quienes la palabra de Dios, una vez escuchada, no penetra y se les escapa como el agua sobre el vidrio. Al parecer, o sea, que la mente humana, frente a las Sagradas Escrituras, se parece a los apagadores o interruptores eléctricos de encendido / apagado (on/off) de nuestras casas. Estos interruptores son como válvulas de paso que no se pueden dejar en posición intermedia: o están completamente abiertas y la corriente circula libremente o están completamente cerradas, y no pasa nada. De hecho, incluso cuando la mente y el corazón están abiertos a escuchar, el mensaje de la Palabra siempre pasa parcialmente, porque las líneas de la gracia están siempre un poco “sucias”, a causa de nuestra humanidad y nuestro pecado.

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