ESFL218

XV semana del Tiempo Ordinario – Miércoles

El Evangelio es revelado a los niños 

En esa oportunidad, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Mt 11,25-27

Cuando Jesús subió al monte para orar, nadie sabrá nunca cuál ha sido su diálogo con el Padre, sino el Espíritu Santo quien fue el medio, como lo es siempre en la Trinidad. Creemos que han hablado de los misterios de la creación y el Reino de los Cielos, del destino último del hombre, de la necesidad de la cruz, resurrección, de la elección de los apóstoles, del envío del Espíritu Santo y el tiempo de la iglesia. Todos estos son temas de los cuales se encuentran rastros en los Evangelios, y son las mismas «cosas» que siendo pequeñas son escondidas a los sabios y los entendidos, de quienes se habla en el Evangelio de hoy. Si hay nos preguntamos por qué «estas cosas» se revelan sólo a los pequeños y a los últimos el Evangelio de hoy dice: «Porque así lo ha decidido el Padre».

Es una respuesta que aceptamos, pero entonces la pregunta es: ¿Por qué el Señor se ha complacido en revelar estas cosas sólo a los pequeños? Creemos que no hay otra respuesta que ésta: porque los niños tienen la humildad de acercarse al Evangelio escuchando y esperando que el Espíritu Santo, quien por ser el primer intermediario entre Jesús y el Padre y luego haber iluminado a los autores de los textos sagrados, también los ilumine a ellos para comprender la Palabra revelada. La revelación de Jesús, de hecho, como todas las Escrituras, no es sólo el mensaje de la Palabra de Dios que nos llega a nosotros, sino que es mucho más grande, más completa y más profunda. Los textos sagrados son como la leche en polvo que para volver a ser leche líquida y alimento valioso para los seres humanos, necesita agua para volver a ser como en el principio. Lo mismo sucede con las Escrituras, que, para volver a ser la Palabra de Dios revelada, es necesario que se le vuelva a dar vida a los personajes que la han vivido: Abraham, Moisés, María, Cristo Jesús, Pedro, Pablo. Este proceso de revivificación de los textos sagrados sólo puede ocurrir en los pequeños, quienes tienen la humildad para escuchar y esperar con paciencia que el Espíritu Santo venga a ellos y se las explique. El sabio y el inteligente, sin embargo, para entender recurren a la cultura, a la inteligencia y se apresuran a comprender. No saben escuchar y basarse únicamente en la capacidad que tiene el Espíritu Santo para explicar «Estas cosas» en el silencio.

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