ESFL186

X semana del Tiempo Ordinario – Viernes

El adulterio y el divorcio

Ustedes han oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti; es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. También se dijo: «El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio». Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio. Mt 5,27-32

Hoy el evangelio nos habla de dos argumentos que entrelazan uno con otro, como raíces de árboles cercanos: el adulterio y la separación conyugal. Serían argumentos diferentes, pero el evangelista Mateo los puso juntos, tal vez porque de ellos se hablaba mucho en su ambiente. Es una deducción sostenida del hecho que él haya sido el único evangelista que haga lícita la separación conyugal en caso de concubinato. De los demás sólo Marcos habla del argumento del adulterio, pero no pone la misma excepción de licitud. Como quiera que sea, dado que la separación y el divorcio son argumentos muy discutidos hoy en nuestros días, mantenemos el enlace con el evangelio de Mateo. El escándalo, según la doctrina de la Iglesia, es aquel comportamiento que induce a otros a hacer el mal y asume una gravedad proporcional a la autoridad de quien lo causa y a la pequeñez de quien lo acepta.  Es el caso del comportamiento de algunos sacerdotes y de muchos padres de familia para con los hijos. Dejamos que esto se ocupe la Iglesia y dirigimos nuestra atención hacia el segundo, que nos atañe de cerca. Si los padres de familia tuvieran la consciencia de los desastres causados por el adulterio y el divorcio en la formación y en la conciencia de los hijos, serían menos practicados. Son verdadero escándalos que bloquean el crecimiento emotivo de los hijos, como la helada improvisa, en primavera, bloquea el florecer de los capullos de las plantas. Aceptemos la invitación del evangelio a ser más vigilantes e, si es necesario, también violentos con nosotros mismos para no ser motivo de escándalo. Hoy el Señor nos dice: “Si tu ojo derecho es motivo de escándalo, sácatelo y si tu mano derecha es para ti motivo de escándalo, córtatela”. Son estas las mejores podaduras que el evangelio exige a una pareja de esposos: el coraje de cortar los comportamientos y sentimientos que arriesgan de hacer mal al amor conyugal y a la paz familiar. Estas cortaduras, como toda podadura, nos privan de algo, pero hacen más bella la planta.

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