ESFL160

VI semana de Tiempo Ordinario – Miércoles

Por qué entendemos poco a poco 

Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara.El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerla saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: «¿Ves algo?».El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: «Veo hombres, como si fueran árboles que caminan». Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad.Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo». Mc 8,22-26


Conozco a dos hermanos que no se hablan ya desde hace varios años  por culpa de una herencia que uno de ellos no  considera equitativamente distribuída. Leemos en el periódico que algunos jóvenes se acuchillaron por la posesión de un celular y naciones enteras que están en guerra desde hace medio siglo por la posesión de una franja de tierra. La historia y la vida de todos los días  nos hacen tangibles la realidad de que las cosas son consideradas casi siempre más importantes que los afectos. Es el proceso de «cosificación», o sea: de reducción de las personas a objeto, que el pecado del hombre ha puesto en marcha ya desde el alba de los tiempos. En el pasaje anterior al evangelio de hoy, Jesús recordó a los discípulos las dos multiplicaciones de los panes, cuando dieron de comer primero a cinco mil y después,a cuatro mil hombres, concluyendo con tristeza el Señor: «Tienen ojos y no ven….¿Todavía no comprenden?»(Mc 8,18-21). Hoy, después de haber tocado por una primera vez los ojos del ciego, Jesús le pregunta: «¿Ves algo?». Y el ciego: «Veo hombres, como si fueran árboles que caminan». Es el proceso de la «cosificación» de las personas lo que impide a este ciego de ver enseguda los hombres. Es más fácil ver los árboles. Sólo después de que Jesús tocó sus ojos por una segunda vez, «el ciego empezó a ver todo desde la distancia.» Este milagro muestra el viaje que Jesús está haciendo en sus discípulos desde la ceguera a la iluminación, para que al final lo reconozcan como el Mesías, el enviado de Dios en el que se cumple la esperanza de Israel. Es una toma de conciencia que resultará muy lenta. Jesús tendrá hasta que morir en la cruz y resucitar para que esta toma de conciencia se realice en su plenitud. El pasaje evangélico de hoy nos hace reflexionar también sobre nuestro lento proceso de comprensión del evangelio y de nuestro proyecto de vida. Probablemente la aceleración del proceso de este recorrido pasa por el hecho de la sustitución del amor por las cosas con el amor por las personas, punto de partida de cada proyecto de nuestro Señor.

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