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14 de febrero – los santos Cirilo y Metodio

Evangelizar ayer y hoy


¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz, del que anuncia la felicidad, del que proclama la salvación, y dice a Sión: «¡Tu Dios reina!».Is 52,7

Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. Lc 10,1-3

Probemos a imaginar lo que pensaron en sus corazones aquellos setenta y dos discípulos que fueron los primeros en recibir el mandado de ir a predicar a Jesucristo  «en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir». Todos ellos  eran gente sencilla y de poca instrucción, que nunca habían salido de sus pueblitos, con todo tuvieron buen éxito y regresaron llenos de alegría diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre» (Lc 10,17). A ellos no se les requería sabiduría, porque se la proveía el Espíritu Santo, ni la capacidad de  hacer milagros, porque  a eso  proveía el Señor que obraba junto con ellos. Ellos tuvieron que poner a disposición de la misión sólo los pies para caminar, «¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz».

Hoy, en nuestro mundo occidental,ir a predicar es mucho más fácil, pero el anunciar el Evangelio es quizás más difícil, porque nuestra civilización sufre de esa terrible enfermedad que se llama «hedonismo».  Ésta fija toda su atención en este mundo y en la posibilidad de disfrute y de éxito que él ofrece, evitando al mismo tiempo sufrimientos y sacrificios. Vivimos en las cosas sin preguntarnos sobre el sentido de la vida y tenemos miedo de la soledad  y del silencio porque nos obligan a pensar. Tenemos una fe ciega en la ciencia, no sólo como una fuente de riqueza, sino también como fuente de verdad, que nosotros aceptamos sólo si procede del hombre, porque queremos ser dueños  de nuestro destino.

No obstante veamos el mundo dominado por la injusticia, la explotación y el odio, no creemos que la salvación pueda venir por medio de Otro. Desde el punto de vista religioso, todos resultamos más o menos, secularizados. Sin embargo, aún hoy, el mensajero que proclama el Evangelio no se encuentra sólo en el enfrentar estas dificultades objetivas: porque siempre está presente el Espíritu Santo que ilumina y también el Señor que  obra confirmando la palabra con los milagros. También hoy, aunque pueda parecer sorprendente, sirven sólo pies para ir.

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