ESFL151

V semana del Tiempo Ordinario – Martes

La acogida de ilegales y la legalidad

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar…. Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?». El les respondió: «¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres».Mc 7,1-13


Hay una forma de religiosidad completamente centrada en seguir los aspectos exteriores de la fe, y hay otra en la que el hombre está dispuesto a recibir el Señor, sin prejuicio de ningún tipo. La  primera – dice  hoy Jesús comentando un paso del profeta Isaías – es la religiosidad de  los labios, la segunda es la del corazón. O, si se quiere,  en la primera la primacía corresponde a las normas, en la segunda  corresponde al Señor y al hombre. Contra la audacia del proyecto de  Dios, existe siempre el riesgo de defenderse escudándose detrás las normas  y de las tradiciones, frutos, casi siempre,  ás de la astucia de  los potentes  que de la justicia  para con los débiles. Pero las leyes existen y no es justo  desoírlas, sin tratar de cambiarlas: Jesús no lo hizo. De hecho,  ¿qué es el Evangelio sino un cambio continuo de las costumbres de los hombres para adecuarlas al pensamiento de Dios? En la iglesia de hoy, respecto a los inmigrantes ilegales, hay algunos que tratan de conciliar la acogida con la legalidad, y quien defiende la acogida incondicional, dejando de lado su integración jurídica. Los cristianos deben creer y afirmar que ninguna ley es más importante que el hombre, como muy bien ha sentenciado Don Francisco, párroco de Castiglioncello, en un intercambio de ideas que tuvimos hace unos días. Nosotros, si bien compartimos este principio,sostuvimos también el aspecto jurídico,  preguntándonos después el por qué lo habíamos hecho. Es cierto que creer en la centralidad del hombre, por encima de toda ley, es creer en el Evangelio que anuncia el fin de la alienación de la persona, pero, según nuestro modo de ver, la solución es otra: la Iglesia tiene que hacer todo lo posible para cambiar las leyes de una sociedad descristianizada, pero no puede ignorarlas, sino sólo en una primera instancia . Es, de hecho, nuestra opinión que acoger el forastero para acudir a sus  necesidades inmediatas y urgentes es un acto de caridad, mientras el favorecer su permanencia en el territorio contra toda ley, es un acto de prevaricación social o de abuso contra la sociedad y contra la ley. Esta diferencia la ha bien entendido nuestro hijo Gianluca que se prodiga para hacer frente a las necesidades inmediatas y urgentes de los clandestinos y al mismo tiempo a su integración legal. Pero cuando ésta no es posible, se empeña para hacerlos regresar a su país.

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