ESFL141

III semana de Tiempo Ordinario – Viernes

La parábola de la paciencia

Y decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha».Mc 4,26-29

Ésta, que el Evangelio de hoy nos presenta , se puede definir «La parábola de la paciencia.» Jesús la vivió en primera persona a lo largo de toda su vida pública. Al principio, cuando hizo el primer milagro en las bodas de Caná, sin duda pensaba que su mensaje mesiánico de salvación y Él mismo habrían sido recibidos con alegría por todos. ¡No fue así! Jesús  se dio cuenta en seguida de que la salvación del mundo se habría realizado según los tiempos de Dios. Antes habría que pagar algo: tenía que morir y terminar enterrado, como el grano de trigo en la parábola de hoy. Es la perspectiva de la cruz, que empieza a delinearse en Él, pero su fe,  siempre más paciente, y su absoluta confianza en la voluntad del Padre, le permitirán de ver mucho más allá de ella, a la resurrección y a los tiempos escatológicos de la historia, como el agricultor que, mientras el grano de trigo muere en la tierra, ya ve la espiga dorada besada por los rayos del sol. Esta de hoy es también la parábola de la paciencia de la Iglesia, en particular de la actual, frente a la subversión de los valores de la vida y de la familia, y a la agresión del mundo musulmán. «Actúa como si todo dependiera de tí, sabiendo, sin embargo, que todo depende de Dios «, dijo San Ignacio de Loyola. La fuerza está ya toda en la semilla: pero es Dios que la hace germinar. La Iglesia tiene sólo que dar testimonio del Evangelio,después “sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga». Ésta es también la parábola de la paciencia de la familia: de los padres hacia sus hijos, pero,a veces también, de los hijos hacia sus padres. ¡Por supuesto que hoy en día la paciencia está un poco incómoda dentro de la familia! La parábola de hoy   no es, sin embargo, un sedante para que los padres puedan dormir tranquilos mientras sus hijos están afuera de noche hasta la madrugada, o para que éstos puedan vivir serenos cuando los padres se divorcian. Es una forma de vivir con paciencia la realidad de las cosas, después de haber obrado con conciencia para hacer valer los valores del Reino. Nuestra experiencia personal nos enseña que cuando hay fe y confianza en el Señor, aunque haya que pagar algo, el resultado está asegurado porque está en las manos de Dios, como el grano de trigo crece con calma bajo tierra.

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