ESFL352

XXXIV semana del Tiempo Ordinario – Martes

Los engañadores y los alarmistas 

Y como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido». Ellos le preguntaron» «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va suceder?». Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: «Soy yo», y también: «El tiempo está cerca». No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin». Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en cielo.  Lc 21,5-11

En el texto de hoy Jesús pasa de la previsión de la caída del templo de Jerusalén, que sucederá en el año 70 d.C., a la visión escatológica del final de los tiempos. Son la conclusión de las dos últimas etapas de la historia de la salvación: el final del mandato confiado a Israel y del confiado a la Iglesia, todavía por ser. La exhortación del texto de hoy es la de huir de las elucubraciones sobre el fin del mundo que, partiendo de la primera iglesia de Tesalónica hasta nuestros tiempos, han siempre tratado de desviar el camino cristianos de la historia, en nombre de un futuro sobrenatural. Tales tentaciones provienen de dos categorías de personas, contra las cuales el texto de hoy nos pone en guardia: los «engañadores» y los «alarmistas». En el momento histórico actual, en el cual hay cambios de épocas es fácil abdicar, en nombre de la religión, al empeño social y evadir las propias responsabilidades. En estos períodos no han faltados, y existen aún hoy en nuestros días, charlatanes y falsos profetas, que tienen suceso en la onda de la emotividad religiosa de la gente. Ellos se declaran enviados por Dios  y ofrecen inimaginables previsiones. Son los engañadores contra los cuales, hoy, el Señor nos pone en guardia: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: «Soy Yo», y también: «El tiempo está cerca». No los sigan». Además de los engañadores existen también los alarmistas, que son siempre en aprensión por los eventos de la historia y por los de los familiares y personales: «Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin». Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en cielo». Se parecen a los periódicos de nuestros días, pero contra todo alarmismo el Señor nos asegura: “Tengan valor: Yo he vencido al mundo” (Jn 16,33). Danos, Señor la fe para creer que nuestra historia está en tus manos.

Sembra di leggere i giornali dei nostri giorni, ma contro ogni allarmismo il Signore ci rassicura: «tengan valor: Yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). Donaci, Signore, la fede di credere che la nostra storia è nelle tue mani.

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