ESFL343

XXXII semana del Tiempo Ordinario – Sábado

La necesidad de orar 

Después le enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: «En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: «Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario». Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: «Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme».» Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?».Lc 18,1-8

Hemos hablado muchas veces de la oración de intercesión, pero ya que l texto de hoy lo permite, no estará retomar el argumento. Hoy el Señor nos enseña a orar y a pedir con insistencia todo lo que necesitamos. Él está contento siempre que lo ponemos en los eventos de nuestra vida, como un padre cuando su hijo le pide algo, ya que en la petición está incluido implícitamente el reconocimiento de su señoría. El Señor escucha siempre nuestras oraciones, pero a veces sucede que no son escuchadas: quiere decir que su proyecto es más grande que el nuestro. Dice Juan el evangelista: «Tenemos plena confianza de que Dios nos escucha si le pedimos algo conforme a su voluntad. Y sabiendo que él nos escucha en todo lo que le pedimos, sabemos que ya poseemos lo que le hemos pedido»(1Jn 5,14-15). La oración de intercesión, en otras palabras, nos previene del hecho que se haga la voluntad del demonio, que es la causa de todos los males, pero debe estar abierta a aceptar la voluntad del Señor. Es la condición puesta por el evangelista San Juan: nuestra petición de que Dios nos escuche debe ser “según su voluntad”. Nos parece que su deseo de escuchar nuestras peticiones sea tan grande que veamos que, alguna vez, el Señor tenga que modificar sus proyectos. Nuestra oración puede obtener también esto, porque un padre, cuando puede, cambia sus programas para aceptar las peticiones de sus hijos. De vez en cuando, sin embargo, sucede que el proyecto de Dios sea tan grande que no tiene alternativas: entonces lo tenemos que aceptar, y así entramos a formar parte de su proyecto. La única cosa es que debemos pedir siempre, para que nuestras peticiones de intercesión  actualicen nuestra fe.

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