ESSM036

9 de Noviembre – Dedicación de la Basílica de Letrán

La oración y la vida 

Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio». Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?». Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar». Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él se refería al templo de su cuerpo.Jn 2,13-21

Este texto tiene una capital importancia. De hecho, en modo diverso, es narrado por los cuatro evangelistas, como los episodios de la muerte y resurrección, la multiplicación de los panes. Jesús echa afuera del templo a los vendedores, diciéndoles: “Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una cueva de ladrones.”. Y San Marcos especifica: “Mi casa será llamada casa de oración” (Mc 11,7).  Después en la discusión don los judíos Jesús afirma: “Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar”. Y el evangelista, refiriéndose a la resurrección, añade: “Pero Él hablaba del templo de su cuerpo”, lo que significa que Jesús resucitado es el templo del nuevo culto, por lo que las oraciones y las ofrendas a Dios deberán pasar a través de Jesús, nuestro Señor. Todo eso es confirmado por Pedro:  «Al acercarse a él…. a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual… para … ofrecer  sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo» (1P 2,4-5). Pedro recomienda que los sacrificios espirituales, es decir, las ofrenda, sean “aceptables a Dios”: non sean hipócritas, sino coherentes con las opciones de vida. Pasando a lo concreto: no se puede robar o hacer oración y después no pagar los impuestos o hacer la caridad a los pobres; honrar a los papás con palabras y abandonarlos en la senectud. No es agradable a Dios presentar ofrendas al Señor y después practicar el aborto, despedir sin ninguna remuneración a los trabajadores y dar después una limosna a la Iglesia.

Señor, nos damos cuenta que la coherencia de la vida está constantemente amenazada por nuestra fragilidad: ilumina nuestras mentes para que sepamos discernir con clareza el bien del mal, ensancha nuestro corazón para que amemos lo que nos pides.

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