ESFL336

XXXI semana del Tiempo Ordinario – Sábado

La sonrisa y la alabanza 

Te alabaré, Dios mío, a ti, el único Rey, y bendeciré tu Nombre eternamente;  Día tras día te bendeciré, y alabaré tu Nombre sin cesar.   ¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza: ….Cada generación celebra tus acciones y le anuncia a las otras tus portentos: Ellas publican sus tremendos prodigios  y narran tus grandes proezas; …. divulgan el recuerdo de tu inmensa bondad y cantan alegres por tu victoria. El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas.  Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino…. Tu reino es un reino eterno, y tu dominio permanece para siempre.     ….El Señor sostiene a los que caen y endereza a los que están encorvados. Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das la comida a su tiempo; abres tu mano y colmas de favores a todos los vivientes. ….El Señor está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad;     ….el Señor protege a todos sus amigos ….Mi boca proclamará la alabanza del Señor: que todos los vivientes bendigan su santo Nombre, desde ahora y para siempre. Sal 144

Este salmo es un maravilloso himno de alabanza y agradecimiento: David exalta al Señor por su magnificiencia y lo bendice por su bondad. Son muchos los salmos inspirados por el impulso de amor hacia Dios, pero el de hoy es un resumen de todos los demás porque nos indica los miles de motivos por los cuales cada hombre podría hacer suyas las palabras de David. Cada uno de  nosotros, pues, como este gran rey de Israel, puede reconocer en su vida los signos tangibles de la bondad y misericordia del Señor: basta recorrer los años pasados para encontrar los peligros escampados, las dificultades superadas, los dolores aliviados, así como los momentos de alegría y de gloria. Pues, ¿no es parecida a un palacio real la casa que busca la bendición del Señor, le pide ayuda y, habiéndola recibido, le agradece de todo corazón? ¿No son de veras momentos de gloria aquellos en que las familias se reúnen y los mayores ven crecer juntos los hijos de lo hijos? Entonces no titubeemos en elevar también nosotros oraciones de alabanza y de acción de gracias, buscando en lo cotidiano motivos siempre nuevos, desde la Providencia que nos alcanza hasta el maravilloso alternarse de las estaciones. Iremos descubriendo, de esta manera, que entre más alabamos y agradecemos al Señor más motivos se ofrecen para seguir haciéndolo. «Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan”. Danos, Señor, un espíritu de alabanza y acción de gracias y danos una sonrisa contagiosa.

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