ESSM035

2 de Noviembre – Conmemoración de los Fieles Difuntos

La resurrección final 

Job respondió, diciendo: ¡Ah, si se escribieran mis palabras y se las grabara en el bronce; si con un punzón de hierro y plomo fueran esculpidas en la roca para siempre! Porque yo sé que mi Redentor vive y que él, el último, se alzará sobre el polvo Y después que me arranquen esta piel, yo, con mi propia carne, veré a Dios. Sí, yo mismo lo veré, lo contemplarán mis ojos, no los de un extraño. ¡Mi corazón se deshace en mi pecho!  Jb 19,1.23-27

La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día».  Jn 6,39-40

Estos dos textos de la Sagrada Escritura, el primero tomado del libro de Job y el segundo del Evangelio de San Juan, son uno más consolador que el otro: uno nos ilumina sobre lo que sucederá al final de nuestra existencia terrena; el otro nos anuncia nuestra resurrección al final de los tiempos. No sabemos cuándo llegará, pero llegarán. Al final de la vida – dice Job –cuando se depositará todo el polvo que hemos levantado en nuestros días terrenos, nosotros veremos a Dios tal como Él es. Y aquella visión continuará y constituirá la esencia del paraíso en la eternidad. Cuenta una leyenda que, un día, un monje de un convento, pensando en el paraíso como en la eterna visión de Dios a exclamado: “Quizás que aburrido ver el rostro de Dios durante toda la eternidad”.  Mientras pensaba en estas cosas, se levanto y se fue a un bosquecillo de donde provenía el canto de un canario. Permaneció ahí para escucharlo un buen rato. Cuando regresó al convento ninguno de los monjes lo reconoció ni él conocía a nadie. Yendo a revisar las cartas del convento encontraron que aquel monje había vivido ahí hacía cuatrocientos años. “Así el Señor  – exclamó el  monje me ha explicado qué cosa es el paraíso. Si escuchando el canto del canario han trascurrido cuatrocientos años, sin que me diera cuenta, ¿cómo podré aburrirme en la visión de Dios en toda la eternidad?” Mientras esto sucederá en el cielo, en la dimensión del mundo – dice el Evangelio de San Juan – el tiempo trascurrirá, terminará y llegará la parusía, el regreso glorioso de Cristo, con la resurrección final de los cuerpos. Nosotros no sabemos cómo sucederá todo esto, pero habiendo resucitado Jesús de Nazaret, también nuestros cuerpos un día resucitarán. Y habrá fiesta grande porque hemos querido nuestro cuerpo que ha levantado tanto polvo, como nos dice Job. Esto es lo que nos dice la Sagrada Escritura hoy y esta es nuestra certidumbre.

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