ESFL319

XXIX semana del Tiempo Ordinario – Jueves

Compartir al Señor en la familia 

Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra». Lc 12,49-53

En los años ochenta nuestra amiga Francisca comenzó a frecuentar el grupo de oración de la Renovación Carismática, en su familia era un pleito continuo. “¿Cómo es posible que desde que vas a orar, ya no nos peleamos?” le decía continuamente su marido. Casi siempre ella no respondía, pero algunas veces: “Tú eres el que peleas siempre, yo estoy tranquila”.  “Si, le contestaba él, es tu tranquilidad la que me hace enojar. Después de algunos meses de discusiones familiares, Francisca decidió ya no ir al grupo de oración; después, usando las armas de Ester, en las que son muy hábiles las mujeres, se volvió a presentar con su esposo.Desde aquel momento iniciaron los dos un buen camino espiritual juntos., que dura hasta ahora. Cuando Francisca venía al grupo de oración sola, se había creado aquella situación que Jesús profetiza en el texto de hoy: » De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres». El motivo es sencillo y lógico. En una familia, al trascurrir de los años, se forman equilibrios que abrazan la esfera afectiva y también las habitudes. Un cambio unilateral genera en la persona que no pertenece al grupo, un sentido de de violencia y de disturbio. Es como si el esposo, a su regreso a casa, encontrase cambiados todos los muebles de la casa: la sala en vez del dormitorio y este en lugar de la sala. “Ten paciencia – le habría dicho – pero antes de modificar todo hubiera sido mejor que me lo hubieras dicho. Aunque si la idea de cambiar parte de una persona, que tal vez se le haya ocurrido, las opciones importantes van siempre juntas. Al final, la fe vivida con claridad, caridad y paciencia, conduce siempre a la comunión. El Señor es portador de paz, no de división: ésta es sólo un paso para la realización de una nueva unión a un nivel superior.

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