ESFL315

XXVIII semana del Tiempo Ordinario – Sábado

La blasfemia contra el Espíritu Santo

Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios. Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios. Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir».Lc 12,8-12

Hoy tratemos de comprender estas palabras que el papa Juan Pablo II definió “palabras del no perdón”: «Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará». ¿Por qué la blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable, mientras que la blasfemia contra Jesucristo es perdonable? ¿Qué cosa dice la teología a este respecto? ¿Cómo se debe entender esta blasfemia? ¿Qué cosa nos dice la teología? La respuesta nos la da San Tomás de Aquino en la Summa theologica, en la que afirma que la blasfemia contra el Espíritu Santo es impewrdonable, en cuanto que excluye aquellos elementos por los cuales se perdonan los pecados. Juan Pablo II nos explica cuales son estos elementos en su encíclica “Dominum et vivificantes” (1986). La blasfemia – dice la encíclica – no consiste en pronuncia palabras ofensivas contra el Espíritu Santo, sino en el rechazo de aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre mediante el Espíritu Santo, operante en virtud del sacrificio de la Cruz. Si el hombre no quiere reconocer su propio pecado, rechaza el conocer al mismo tiempo al Espíritu Santo que nos revela dónde está “el pecado del mundo” (Jn 16,18) y rechaza el el sacrificio de la Cruz para la remisión de los pecados. En otras palabras, es un don que, como tal, quiere sólo ser aceptado. La blasfemia contra el Espíritu Santo, nos explica la encíclica, consiste en el hecho que el hombre “reconoce un derecho de perseverar en el mal”.  El evangelio de hoy exhorta a la reflexión sobre el plan de salvación que comienza con la llamada con la llamada de Abraham y con la llamada del pueblo de Israel. Esa llamada se realiza concretamente con el sacrificio de Jesucristo en la cruz y nos llega a través del Espíritu Santo, que pide sólo aceptar ese don de Dios, reconociendo en la realidad de nuestro pecado la necesidad de ser salvados. Es la nueva alianza que se realiza en nosotros.

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