ESFL314

XXVIII semana del Tiempo Ordinario – Viernes

La batalla sobre el pecado

Mientras tanto se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas. A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más. Yo les indicaré a quién deben matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese. ¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos. Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros.Lc 12,1-7

Hoy nos dice el Señor: «No teman a los que matan el cuerpo … Yo les indicaré a quién deben matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena». En otras palabras: “Non teman la muerte del cuerpo, sino el pecado que es la muerte del alma”. La muerte y el pecado va juntos, son como las caras de una misma medalla. Jesús vino a salvarnos de las dos, sin embargo permanecen en el mundo como realidades aparentes. ¿Como es posible liberarnos del pecado? si Pablo dice: “De esa manera, vengo a descubrir esta ley: queriendo hacer el bien, se me presenta el mal” (Rom 7,21).  Estamos sujetos a la ley del pecado commo a la de gravedad. La hemos heredado de Adán, como un testigo que nos pasamos de padre a hijo. La batalla contra el pecado la sostenemos cada día que nos afeitamos, pero como la barba crece de nuevo. La única manera para combatirla es estar en comunión con el Señor quien,  habiendo nacido y vivido sin pecado, trasmite el testigo de la santidad. Aunque hagamos lo posible por dejar el primero y practicar el segundo, no podremos jamás. Podemos sólo combatir la como hacemos con la barba que sale de nuevo. Los medios disponibles son: la oración, la meditación de las Sagradas Escrituras, la eucaristía, la confesión y el ayuno.  Si los ponemos en práctica con perseverancia, nos encaminaremos hacia l santidad, aunque no la alcancemos, y al final no seremos arrojados al infierno, porque habremos combatido, no porque hayamos vencidos. Es en esta batalla en donde se manifiéstala misericordia del Señor.

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