ESFL304

XXVII semana del Tiempo Ordinario – Martes

Marta y María 

Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Marta, que muy estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude». Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada».  Lc 10,38-42

¿Es mejor escuchar al Señor como María o servirlo como Marta? ¿Es más importante la oración o el servicio? La respuesta de Jesús es clara: la mejor opción es la de María, pero siempre se refiere a aquel momento y a aquel contexto. En la vida de uno las dos cosas son necesarias. “Hay un tiempo para escuchar y otro para servir” diría el Qohelet. El problema no se refiere a la importancia, sino a la precedencia. Nuestra experiencia nos enseña que, para ser buenos servidores, se necesita primero haber hecho oración y escuchado tanto al Señor que a las personas que estamos llamados a servir, en la familia y en la profesión. En estos años de serena actividad que el Señor me concede, entre la enseñanza y los trabajos domésticos, me gusta mucho levantar la vista de los libros y de la estufa, hacia las muchas imágenes sagradas con las que querido embellecer la casa: deteniéndome a ver por un momento esas imágenes me siento atraída por el servicio hacia los demás. Me alegra también escuchar el sonido de las campanas de las iglesias de Saronno; es una invitación a detenerme un momento en oración para retomar luego el trabajo con más ganas. Pero el momento más bello del día es en la mañana, cuando Pierluigi y yo vamos juntos a la primera Misa de nuestro Santuario de la Beata Virgen de los Milagros, para después correr a la estación a tomar el tren para Milán. Sabemos bien cuánto nos ilumina la Palabra de Dios y la recepción de la Eucaristía nos ayuden para hacer fructificar durante el día, los talentos que se nos han confiado. Nos sentimos llamados a ser, de vez en cuando, Marta y María, sin ponernos tantas preguntas, simplemente poniéndonos a la escucha del Señor y del prójimo.

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