ESFL301

XXVI semana del Tiempo Ordinario – Viernes

El Occidente es el crepúscolo  

¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza. Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió». Lc 10,13-16

Si tuviéramos un poco de temor de Dios, la profecía de Jesús acerca de Corazim y Betsaida no debería de asustar. Esta nuestra Italia, sede del Vaticano, rica de santuarios y de iglesias muy bellas, donde la pintura inspirada por temas cristianos ha hecho obras de arte muy grandes, y por casi dos mil años ha dado a la Iglesia el Vicario de Cristo y ha sido siempre tierra de santos, d milagros y sede de órdenes religiosas, está perdiendo la fe. Porque –parafraseando el evangelio de hoy – si en Bejing o en Calcutta se fueran realizado tantos milagros en dos mil años, ya todos se habrían convertido. ¿Cómo es posible que  nuestro país con la historia cristiana que tiene, sea moralmente y socialmente tan devastado por los abortos y divorcios, y tenga así el más bajo número de natalidad en el mundo? No es difícil prever que seremos invadidos de personas di toda raza y que surgirán mosquitas junta a nuestras iglesias y a nuestras torres. Es algo imposible de detener. Como en las zonas de baja presión lega aire de otras partes y forman vientos que nadie puede detener, así la causa de nla pérdidad de nuestra identidad cristiana, seremos siempre más invadidos por otros pueblos, otras culturas y otras religiones. Nadie puede detener esto, como Jesús no ha podido hacer nada por las ciudades d Corazim y Betsaida. Son cambios irreversibles, que il Señor puede utilizar en su plan de salvación universal y esto forma parte de su divina sabiduría y de su poder.  La Iglesia y nosotros, durante esta oración de la mañana, debemos solamente tener fe. “Pero tengan valor –dice  el Señor – yo he vencido al mundo”. (Jn 1633). El plan de salvación es incontenible, todo el resto está destinado a convertirse en polvo, que el tiempo dispersará.

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