ESFL284

XXIV semana del Tiempo Ordinario – Viernes

El Señor tiene necesidad de todos 

Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes. Lc 8,1-3

Las mujeres recordadas con gratitud en el evangelio de hoy – María Magdalena, Juana, Susana y otras –que siguen a Jesús y a los apóstoles ayudándolos con sus bienes y tal vez también preparándoles algunos alimentos, nos enseña que cada quien puede ser misionero de un modo o de otro. No todos son llamados a hacer grandes discursos en públicos de evangelización; hay personas que son útiles en tener contactos personales, otras que prestan sus servicios y otras que se siente inclinadas a orar por la misión. Hay mucha cosas que hacer en la viña del Señor: cada quien obra según los dones que ha recibido y sus capacidades que ha adquirido. En un circo hay necesidad del acróbata, del domador, del payaso y de los que cuidan a los animales. Se puede hacer de cualquier modo, pero cada uno encuentra su rol y su camino.

Se cuenta que Renato Ranucci – que será un conocido cantante, compositor y bailarín en los años 50 y 60-  ha comenzado su carrera en un circo, dándoles de comer a los animales. Un día el payaso se enfermó y el responsable del circo le dijo: “Entra tú en la escena, eres bravo para hacer reír a la gente”. Así Renato se encontró delante de la gente improvisamente, sin ningún programa preparado e improvisó un espectáculo. No perdió el ánimo, comenzó a hacer lo que sabía y fue todo un triunfo. En aquel día nació Renato Rascel, grande hombre de espectáculo. Otros que no tenían grandes capacidades, han continuado a dar de comer a los animales toda la vida, pero no importa: en el circo como en la misión, todos son necesarios.

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